Hackerfeminismo: afectadas y afectando desde las tecnologías

Tejidos hackfeministas

¿Alguna vez te preguntaste qué es la tecnología y de dónde viene? ¿Cuándo se impone como concepto? ¿Desde cuándo y qué tipo de tecnología utilizamos como dominante y cuáles dejamos por fuera? ¿Cómo afectan las tecnologías y nuestro uso actual a los cuerpos territorios? ¿Qué cruce tiene la tecnología con nuestras afectividades y cómo podemos transformarlas? ¿Cómo podemos plantear otras formas de relacionarnos con la tecnología, el territorio y los recursos? Aquí, algunas repuestas que se dieron en un encuentro hackerfeminista.

Por Redacción La tinta

“Manifiesto Hackfeminista
La tecnología no es neutral;
históricamente, las mujeres no hemos estado
en el debate político, ahora lo estamos;
como mujeres nos preguntamos cómo asumir posturas
éticas ante las consecuencias del desarrollo tecnológico
que afecta a personas, seres no humanos y naturaleza;
nos convocamos
a explorar y vivir otras perspectivas narrativas
a sentipensar las tecnologías para generar espacios
de confianza que nos permitan discutir estos
asuntos que nos atraviesan personal y colectivamente,
y cuestionarnos los sistemas
de normatividad sexual y tecnológica”.
Elaborado colectivamente en el Encuentro Hackerfeminista “Tecnología y afectos, ¿cómo bosquejar políticas de la corresponsabilidad?”.

Los días 11, 12 y 13 de julio, se realizó el encuentro hackfeminista “Tecnología y afectos, ¿cómo bosquejar políticas de la corresponsabilidad?” en San Cristóbal de las Casas, México, donde se convocaron unas 25 mujeres de todo México, Guatemala, Puerto Rico y Estados Unidos.

Las colectivas que participaron trabajan principalmente en procesos de defensa del territorio, usando la comunicación como parte de sus estrategias de defensa. Académicas que piensan alrededor de las tecnologías y el rol de las mujeres dentro de esa producción y uso, activistas de derechos sexuales y reproductivos que usan las tecnologías como parte de sus prácticas de comunicación interna y hacia afuera, y otras que trabajan temas de software libre y seguridad digital.

Las compañeras pusieron en agenda la vinculación de los procesos de defensa del territorio y de defensa de Internet, de derechos digitales vinculados con las mujeres y las afectaciones a las mujeres y los cuerpos disidentes. Ellas nos explican que no es muy común hablar de las afectaciones, afectos y afectividades en esos entornos digitales, pero nos implican constantemente desde la vinculación cotidiana, la creación de comunidad, las redes, los lazos, formas de sociabilidad que se expresan en múltiples plataformas que utilizamos como seres sociales. Se propusieron partir de las narrativas que cada una de las participantes tenían incorporadas sobre la tecnología, sus primeros accesos para pasar a “tejer nuevas narrativas a partir de qué entendemos y decimos de la tecnología, qué sentimos, cómo nos atraviesa, cómo miramos y cómo vemos el futuro de la tecnología”.

En este marco, conversamos con Lucy y la Jes de la colectiva Sursiendo, quienes nos compartieron algunas reflexiones en torno a las discusiones y problematizaciones del encuentro, que son parte de la agenda de sus prácticas vinculadas con feminismos, cuerpos, tecnologías y territorios.

En general, nos dice la Jes, “cuando se habla de género e Internet, muchas veces, se vincula directamente a cuestiones de violencia de género en línea o de acceso. Creemos necesario trabajar sobre otras aristas, hay temas que son más urgentes que otros, el tema de la violencia lo es y hay que atenderlo, pero sin descuidar otras dimensiones. El no poder vincular procesos distintos de luchas diferentes hace que no podamos ver las violencias que se ejercen en esos otros espacios a partir de las acciones e interacciones. Después, podés saber y tomar exactamente la misma decisión, no necesariamente la información hace transformar la práctica, pero es importante empezar a hablar de estos temas y posicionar esas preocupaciones”.

“Nos nombramos Hackfeminista porque convocamos a mujeres desde la posibilidad de hacer, desde la cultura hacker, alguno de los movimientos que hoy defienden el territorio internet. Hacker para nosotras es hacer las cosas de otra forma, resolver cosas con creatividad, es una invitación a apropiarnos de las cosas, a resolver de manera diferente algo que viene de un modo y que no nos está haciendo la vida digna. Tratamos de descentrar el discurso de lo experto, sí se necesita la base técnica, pero tenemos que tener conciencia de que todos y todas podemos acceder en cuanto rompemos la barrera del lenguaje, en cuanto rompemos la barrera del poder que nos aleja de estos espacios de conocimiento”.

—¿Qué implica el senti-pensar las tecnologías y el uso de las redes? ¿Cómo atraviesa las afectividades el uso de las redes y tecnologías?
—Desde los propios procesos feministas, no se discute el tipo de plataforma que se usa y por qué se usa, no importa si Zuckerberg empezó su plataforma Facebook siendo de calificación de mujeres como una acción misógina o cómo todas las decisiones que toma su algoritmo para poder posicionar o no ciertos temas, o que se pueda o no hacer acción feminista dentro de Facebook. Es muchísimo más fácil tumbar una página feminista que agarrar una red de trata por Facebook, o te sacan un pezón femenino del aire a los 30 segundos de publicado, pero podés ver 17 minutos del tiroteo en la mezquita de Nueva Zelanda.

Son plataformas cerradas, de código privativo, no tenemos posibilidad de saber qué es lo que el algoritmo elige mostrarte primero y por qué. Otro ejemplo fue cómo, de un día para otro, Facebook cambió los nombres de las cuentas por tu nombre real y, en el caso de las drag queen, ellas se movilizaron al respecto, porque aparecieron un día con con su nombre de DNI. Los servidores donde se guarda toda la información están bajo control de personas en concreto y, entonces, todos los servidores que tiene Facebook a su mano que son los de Instagram, Whatsapp y Facebook, toda esa información que, por más que ellos digan “te la cuidamos”, en realidad, no sabemos lo que hacen.

Las primeras cosas que se han pensando en torno a las mujeres y la tecnología tiene que ver con las carencias: no tenemos acceso a tal cosa, cuando tenemos acceso nos violentan, atendemos urgencias. Necesitamos vincular las afectividades a los propios procesos tecnológicos porque se están dando, pero no le estamos prestando atención a esas variables. ¿Cómo queremos que sea nuestra afectividad en esos espacios? ¿Qué otras formas podemos conocer, transitar, experimentar en un entorno que nos permita hacerlo? Internet no te impulsa a la creatividad, sino a responder a mecánicas y lógicas de producción actual para un mercado concreto. Hay una respuesta de mundo en eso, el territorio online y el offline va por el mismo camino en la vida, son el mismo modelo extractivista, de monopolio, de monocultura. Proponemos recuperar y recrear formas más domésticas, más nuestras, en la forma de comunicarnos, revincularnos, hay un abanico de posibilidades que no estamos viendo, pero están.

—¿Por qué consideran que Internet es un territorio?

—Internet es un territorio en disputa. Cuando hablamos de territorio, no es solo la materialidad de la tierra, sino también las formas de relación e interrelación social y con otros seres. Entendemos Internet como una territorialidad donde acontecen las relaciones sociales, afectivas dentro de ese contexto, no son sólo fierros y protocolos, sino un complejo de situaciones que se dan en un entorno técnico. Entender ese territorio como parte de nuestra propia vida, como práctica, es una infraestructura que nos atraviesa, que no estamos abrazándola o incorporándola dentro de nuestros procesos y no vemos entonces los procesos técnicos y tecnológicos como parte de nuestras luchas, sólo sirven como medio o vehículo para hacer eso que nosotras queremos hacer cuando, en realidad, hay mucho más allá.
No tenemos propuestas anti tecnologías, nos interesa y creemos que la tecnología tiene un potencial transformador enorme, pero ¿cómo hacemos para que sea alguna vez más popular, que responda a necesidades y no que nosotras estemos respondiendo a las demandas y las tecnologías de las plataformas actuales?

—¿Cómo linkear las luchas de defensa del territorio con el uso responsable de las redes?

—Las empresas invisibilizan el proceso de extracción, diseño, producción, uso y desechos de las tecnologías, eso implica desde una cosa más inmaterial como la extracción de datos, más visible a partir de los escándalos, pero de gran preocupación porque responde a un gran modelo económico. De hecho, el año pasado, cerró cotizando más en bolsa el volumen de datos que el petróleo, hoy es el activo más importante. Nosotras mapeamos algunas de las rutas actuales de la tecnología e Internet, e intentamos pensar en distintas capas de la producción tecnológica, para ello, pensamos en 3 dimensiones posibles: la que abarca el tema del trabajo y los derechos laborales en toda esa línea, el cuerpo y las afectaciones a los cuerpos diversos que pasan por toda esa cadena y el territorio y las afectaciones al mismo. Las empresas borran a las personas que están en toda la cadena productiva. Necesitamos instalar narrativas basadas en el eje de la sustentabilidad, como, por ejemplo, el uso de los recursos hídricos, la extracción de minerales. Muchas de las mujeres que estaban ahí están enfrentando procesos de resistencia contra proyectos extractivistas. Por un lado, usamos la tecnología tal como está, pero es la misma que está devorando los territorios.

Pensamos también cuáles serían tecnologías que podrían ser más locales, más dignas para nosotras, que respondan más a nuestras necesidades. Entonces, planteamos una primera aproximación o una de las muchas posibilidades que puede haber, por ejemplo, servidores locales con recursos locales, que pudiéramos compartir cuando nos vemos en colectivo, más que armar un grupo de Facebook para compartir manuales, o lo que sea, pensamos en cómo nos interesa que las tecnologías sean. Parece que hay una única manera de que Internet funcione y es que todo pase por nodos centrales, cuando, en realidad, las comunicaciones se podrían establecer en distintos niveles y pensar así en procesos espiralados. Si yo necesito conectarme con la gente de mi colectivo, que nos reunimos una vez a la semana, en realidad, compartamos cierta cantidad de recursos a partir de una cosa que esté aquí; si necesitamos conectar este colectivo con uno de otro lado, podés conectar este nodo con este nodo, no necesitas irte hasta Estados Unidos para volver acá. El tema es que, si no entendemos cómo la infraestructura está centralizada, es muy difícil de entender qué otro tipo de tecnologías podríamos utilizar.

—¿Por qué hablan de una política de corresponsabilidad?

—La política del hacerse cargo implica conocer esta parte de los procesos y dónde estamos nosotras con el uso, y cómo proponer otras cosas desde la vía de la sustentabilidad. Nosotras intentamos hacer un diálogo sobre nuestro propio uso de estas herramientas, sin juzgar que usamos redes sociales privativas o la manera en la que las usamos, pero pensando cómo poder generar otras estrategias de vida más dignas para nosotras, para el medio ambiente y la sociedad en general.

Estuvimos cuestionando el uso infinito de los recursos, de la “cultura de la disponibilidad”, pensando para qué necesitamos 24 horas los 7 días prendido el servidor con mi mail disponible todo el tiempo cuando no lo voy a requerir en 10 años, o todos los mails que nunca he borrado y que no usaré nunca. Creemos necesario que alguna de las propuestas alternativas es la desconexión, el uso racional de los recursos, como todas las trincheras del cuidado de este planeta y de vida sobre ella, transparentar el consumo y el uso que estamos haciendo de las cosas. No es diferente el Internet de la cadena de consumo de la carne, por ejemplo; cómo estamos produciendo, para quién, en qué estilo de vidas y cuáles son los desechos y efectos de ello. ¿Qué pasa si mi celular está conectado a Internet todo el tiempo? Elucidar ese tipo de consecuencias en el gasto de los recursos, que hoy está invisibilizado. La defensa del Internet como territorio pasa por dar visibilidad a estos procesos, encontrarnos en la cadena, quiénes somos, qué hacemos, cómo nos afecta y cómo plantear otras opciones.

Hay decisiones que tienen que ver con nosotras y qué podemos hacer en nuestra actividad cotidiana, como parte de entender que hay otros y otras que pueden estar siendo afectados por esta acción de mi vida. Es como comprar en circuitos de comercio justo y orgánico versus comprar a las grandes marcas, todo eso tiene una implicancia en una cadena social y responden a modelos diferentes, hay una construcción, incluso, sobre el gusto de lo que consumimos y a eso lo puedo transformar si quiero. Lo que vende el sistema es una opción única, pero no es real.

—¿Qué otras plataformas son posibles? ¿Por qué el software libre es una posibilidad de uso y difusión, sobre todo, para los movimientos feministas?

—Nosotras planteamos el software libre como una opción de vida, es otro camino, otro mundo, otra posibilidad, si queremos hacer las cosas diferentes: no esperes resultados diferentes haciendo las mismas cosas. Buscamos hacer tecnologías más sanas y cercanas en analogía con los mercados populares orgánicos. Este tipo de software permite la libertad de creación, de apropiación, de transformación, un circuito más diverso que no es el monopolio de las corporaciones y sus servicios para mantenerte enganchado a sus redes y plataformas. Es la posibilidad, si no de hacer tus propias herramientas, de conocer cómo están hechas tus herramientas.

Hacer y conocer tu código, a quiénes lo están haciendo y transformarlo es la lógica del conocimiento libre y abierto, comunitario, y expresa una acumulación de conocimientos, en contraposición con la lógica privativa, de dueñitud de unos pocos. Reconocer al software libre y liberarlo para la humanidad es un asunto ético y responsable con un devenir más digno para todos y todas, y ajustado a la diversidad de quienes somos.

*Publicado en el periódico La Tinta.

@sursiendo

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