Facebook requerido para salvar México es una mala noticia

Nuestra opinión de porqué pensamos que la petición del presidente de México a Zuckerberg para que ayude a llevar Internet a todo el país es una mala noticia. Y hacemos una recomendación de alternativas posibles.

El martes pasado, día 18 de junio compartíamos en redes sociales el cartel (junto a este texto) de Aaron Swartz que nos alentaba a ser personas curiosas. Nadie mejor que este joven sabe la relación tan íntima entre la curiosidad y la creación de Internet (si no conoce su historia, se la recomendamos).

Ese mismo día nos llegó la noticia de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pide apoyo a Zuckerberg para expandir Internet. ¡Sí! ¡el fundador y presidente de Facebook! Justo lo contrario a la filosofía que nos transmitía Aaron Swartz. Sí, creemos que es una MALA NOTICIA, y ¿por qué es mala noticia?

En momentos de fuertes cambios en el mundo digital, donde se va a decidir cómo será nuestro futuro, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la robótica, el uso del Big Data y el reconocimiento biométrico o el inicio del 5G, que el gobierno de un gran país (México está en el G20, por ejemplo) vaya a pedir apoyo (PEDIR APOYO!) para que Internet llegue a todos los territorios a una corporación como Facebook es algo terrible-inaudito-asombroso-peligroso (sobre todo si te dices «gobierno de izquierdas»).

Si Internet se considera un derecho humano, como quedó decretado en Naciones Unidas en 2011, el deber de los gobiernos tendría que ser el de fomentarlo y protegerlo. Pero Facebook no es Internet, es casi lo contrario.

Además de que esta compañía está acusada de comerciar ilegítimamente con millones de datos personales, de prácticas monopolísticas y acumulativas (posee también Instagram y WhatsApp), de evadir impuestos, de fomentar mensajes de odio hacia las minorías, las mujeres e identidades disidentes, de influir en procesos electorales (Brexit y Trump), además de todo eso, su plataforma es un jardín vallado, un ecosistema de aplicaciones cerrado, con software privativo, donde se entra pero es complicado salir, donde se limita la interrelación con otras aplicaciones, y deja cautivas a sus usuarias. Todo lo contrario al espíritu con el que fue creada la web.

Facebook es de las empresas más poderosas del mundo, con unos beneficios netos de 22.112 millones de dólares (2018) y con más de 2,245,000,000 personas usuarias (casi tantas como habitantes tienen China, Estados Unidos y Europa juntas), que tiene el poder de manejar la opinión pública mundial, de hacer trabajar al Senado y al Congreso de Estados Unidos y al Parlamento Europeo, de que Zuckerberg sea recibido con honores de jefe de Estado allá donde va.

Desde hace años Facebook está intentando hacerse con todo el pastel, primero fue con internet.org y posteriormente con Free Basics, con propuestas parecidas a las que le hace ahora el presidente de México. Es recomendable leer la Carta abierta a Mark Zuckerberg de decenas de organizaciones sobre el tema. En India, por ejemplo, tras un gran debate social en 2016 fue rechazada la introducción de este plan de Facebook, por ser «un servicio engañoso y profundamente defectuoso», que atenta contra la neutralidad de la Red.

La neutralidad de la Red es un derecho digital y una condición básica para que sea realmente Internet. Por tal se entiende que todo el tráfico de la Red debe ser tratado de la misma forma, sin discriminación o interferencia, así como los y las usuarias deben tener la libertad para acceder al contenido, servicios y aplicaciones que elijan desde el dispositivo de su preferencia. Es decir, sin discriminación ni distintas velocidades, sin cuotas adicionales ni interferencia o bloqueo entre proveedores de Internet y de contenido.

Es más, si el control de Internet cada vez queda en menos empresas, poderosas y en busca del beneficio económico, vamos hacia un futuro cada vez más distópico. ¿Dónde quedarán el derecho a la privacidad, la libertad de expresión, el derecho de manifestación y protesta? El 1984 orwelliano se nos va a quedar corto.

Por eso, recomendamos al señor López Obrador y su equipo que vaya por otro camino para que Internet llegue a todos los territorios donde aún no lo hace:

Fomentar y apoyar las redes comunitarias de telecomunicaciones, que ya se están implantando en distintos territorios. Ejemplos son Rhizomática, Güifi.net, Altermundi o muchas otras. Estas experiencias descentralizadas buscan soluciones locales, van de la mano de la economía social y con gobernanza de abajo-arriba. Además de respetar derechos básicos, la autogestión y la responsabilidad, crea muchos más empleos y capacidades que si vienen desde California a instalar una red. Evitaría dependencias que se agravarán en el futuro.

Imaginemos la potencia de algo así con el impulso de un gobierno de un gran país como México, apoyando en recursos e infraestructuras, dando libertad para que desarrollen sus redes según sus cosmovisiones y se hagan responsables ellas y ellos mismos de tener Internet. Soberanía tecnológica lo llaman. Estaría bueno que un gobierno que dice abandonar el neoliberalismo no recurra al ejemplo máximo del neoliberalismo actual y apoyase iniciativas locales que perfectamente pueden solventar el problema de llevar Internet a zonas no conectadas.

@sursiendo

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