Milpamérica: Narrar, sembrar, resistir, tecnología al servicio de la vida

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20 mayo, 2025
sursiendo

Entrevista con Andrea, Ray y Kali, integrantes de Milpamérica.

De la serie de conversaciones “Las personas detrás de las tecnologías que queremos”. Pueden leer las anteriores acá.

En tiempos de crisis climática global, donde los discursos dominantes en torno a la tecnología refuerzan la concentración de poder y la aceleración del consumo, surgen proyectos que buscan otros caminos desde lo común, lo ancestral y lo colectivo. Milpamérica es uno de esos espacios, pensado como un territorio digital sin fronteras, su propuesta se aparta del modelo de las redes sociales corporativas y plantea una visión arraigada en la defensa de la Tierra y la justicia climática.

Dialogamos con Andrea, Ray y Kali, tres personas involucradas en el proceso de creación y sostenimiento de Milpamérica. A lo largo de la charla, se abordan los orígenes, las motivaciones, los aprendizajes, los retos y sobre todo, los sueños que inspiran este territorio digital.

¿Cómo les gustaría presentar Milpamérica, qué es para cada una de ustedes?

Andrea: Milpamérica es un espacio autónomo de imagin-acción climática, no nos gusta reducirla a una red social, sino que nos planteamos la construcción de un territorio digital sin fronteras que ha sido diseñado por y para quienes defendemos la Tierra y luchamos por la justicia climática. Es un espacio en donde queremos que las historias desde nuestros pueblos, las comunidades comprometidas con la Tierra, puedan florecer sin el cerco de los algoritmos corporativos en una de las regiones más biodiversas del planeta, pero también de las más amenazadas, no sólo por el extractivismo, sino también por las consecuencias del calentamiento global y la catástrofe climática. Pensar en la milpa como esa tecnología ancestral que sigue dando de comer al mundo y que ha nacido desde estas tierras milperas, honrar esas tecnologías desde lo común, desde la diversidad, que han sostenido la vida. Situarla en Mesoamérica, donde habitamos cientos de pueblos originarios con distintas formas de ver y entender el mundo, y generar este territorio colectivo para la justicia, la organización y sobre todo para la promoción de cambios narrativos. Hemos visto cómo las historias dominantes en el espacio digital han servido para perpetuar consumismo y explotación, el tecnosolucionismo ha construido una falsa premisa sobre la tecnología. Por eso desde Milpamérica queremos compartir alternativas tecnológicas y narrativas para poner al centro territorios libres de violencia digital, justicia, reparación, cura y resiliencia, y compartir historias sin depender de agendas empresariales.

Ray: Quisiera añadir que es fundamental reconocer cómo las cosmovisiones originarias, que tienen un énfasis cultural y de origen, ofrecen perspectivas distintas sobre la tecnología, esta se vuelve peligrosa cuando se piensa que solo una forma de organización o cultura puede crearla. La tecnología siempre ha estado con nosotros desde el inicio de las sociedades y puede adoptar múltiples formas, actualmente, el espacio cívico se está convirtiendo en un campo para ideologías extremas y para continuar la explotación, lo que antes no era territorio del capital, ahora, gracias a las redes sociales corporativas, se ha convertido en un lugar de acumulación de datos que son extraídos y enviados para ser procesados en países del norte global. Esto perpetúa los precios coloniales y el extractivismo digital.

¿Si pudieran darle una personalidad a Milpamérica, cómo dirían que es, qué personalidad tiene?

Andrea: Milpamérica es un elle bastante nerd y geek, pero sobre todo conectada con la Tierra, le gusta reflexionar, investigar lo que comparte, juntarse con otras personas a compartir, sembrar narrativas, historias, código y también tejer redes. Es una entidad activa que ha aprendido mucho de sus múltiples experiencias, no es solo una adolescente optimista con las tecnologías, sino que ha reflexionado críticamente sobre los discursos de derechos humanos y tecnosolucionismo, viendo con preocupación cómo sectores invirtieron mucho dinero para posicionar narrativas en espacios ahora controlados por fascistas. Por eso Milpamérica está en una edad de transición, reflexionando lo aprendido y construyendo espacios desde la curiosidad, los aprendizajes y el deseo de organización colectiva.

Kali: Yo añadiría que Milpamérica siempre está de buen humor, sin hacer mucho ruido, mientras los espacios comerciales acusan vertiginosidad y ruido, esta es la gente que, si me permiten, el enemigo debería temer.

Ray: Milpamérica es convivial, dicharachera, aunque no tiene múltiples personalidades sí contiene multitudes, es diversa y va construyendo puentes.

¿Cuál consideran que es el valor o aportación principal de Milpamérica?

Andrea: Milpamérica es un espacio que quiere ser libre de violencia, tiene cuatro principios básicos de convivencia y pone al centro la defensa del territorio y las soluciones vivas a la crisis climática, trabaja en su autonomía, la administración es cooperativa, no vende ni sustrae información a terceros, invita a quienes participan a no esperar la inmediatez y la prisa de las redes corporativas, permitiendo una estancia tranquila y un espacio para organizarse por la madre Tierra, la madre de todas las luchas, reforestando también los corazones.

Kali: Para mí, parte de repensar estas cosas es poner el valor en lo social de las redes, en las relaciones que existían no hace mucho, y eso implica invertir tiempo y cuidado hacia los valores y los procesos, no solo hacia el producto tangible.

Ray: Percibo que un valor muy fuerte de Milpamérica es la valentía, especialmente en tiempos donde la hegemonía insiste en una sola opción para el mundo. Milpamérica, desde una cosmovisión ancestral y aprendizajes críticos, demuestra valentía al buscar otras formas fuera de la dominación, el control y la mercantilización.

¿Cuáles son los sueños y deseos que actualmente tiene Milpamérica?

Andrea: Milpamérica tiene muchísimos sueños todos los días: sueños de milpas, fuego, agua, aire y vientos, sueña con que las resistencias ancestrales sigan pese a las nuevas formas de dominación y el colonialismo, sueña con transformar la narrativa tecnológica para dejar de verla como un monstruo digital y re-tejer la relación entre los cyborgs y la Tierra, porque esa simbiosis es posible, sueña con más cyborgs agricultores, contadores de historias, hackeadores de narrativas hegemónicas, sueña con que las niñas, niños y quienes aún no nacen puedan respirar bosques, beber de arroyos, nadar en ríos y comerse un elote recién cortado de la milpa, sueña con comunidades diversas, plurales, gentiles, sin violencia contra quienes defienden la Tierra, sueña con abrir espacios incómodos para debatir narrativas tecnológicas dominantes, recuperar prácticas ancestrales de tejido, ceremonia y siembra, y reimaginar lo digital desde ahí.

Kali: Para mí, la siembra es fundamental, hay que quitar el énfasis de la tecnología solo como máquinas, y verla como transferencia de saberes, en agroecología, se cuida el suelo, el agua y la semilla, así en tecnología debemos cuidar la base, la energía y el código, la diversidad es vida.

Ray: También sueña con demostrar que se puede hacer mucho con poco, sin caer en la trampa de crecer siempre y consumir más, sueña con crecer desde la comunidad y no desde entidades privadas.

¿Cómo está conformado el equipo de Milpamérica y qué desafíos internos enfrentan?

Andrea: Milpamérica nace del impulso de redes como #HackeoCultural y #FuturosIndígenas, con participación de más de 100 personas defensoras del territorio en Mesoamérica. Actualmente somos un pequeño grupo de 8 personas, entre tecnólogas, cyborgs, hackers y defensoras territoriales, trabajando en diálogo, consenso y cuidado colectivo, apostamos por modelos de moderación asamblearios, horizontales y respetuosos, ha sido un proceso de diálogo, organización y repartición colectiva de labores.

Ray: Yo me uní hace poco y estamos en etapa de conocernos y armar el camino juntas, aprendiendo sobre la marcha.

Kali: Desde lo técnico, hemos asumido las limitaciones de recursos y conocimientos, buscando caminos de menor resistencia para lograr nuestros objetivos, pensar en la sostenibilidad a largo plazo es un reto, así como aceptar que algunas cosas escapan a nuestro control.

¿Qué importancia le dan ustedes a nivel individual y colectivo al bienestar y a la corresponsabilidad social?

Andrea: Esta búsqueda de demostrar que hay otras alternativas tecnológicas y narrativas nos lleva a poner al centro otras historias y al cuidado del proceso mismo, reaprender, dialogar y compartir sueños y esperanzas con quienes se suman es hermoso, es fundamental cuidar que el espacio sea seguro, respetuoso y que permita diversas formas de participación, siempre desde experiencias y protocolos propios de los pueblos, que nos invite a cuestionar el colonialismo digital y a compartir conocimientos desde la autonomía y la justicia, desvinculando capitalismo y colonialismo de la infraestructura tecnológica que queremos construir.

Ray: En nuestras discusiones enfatizamos la necesidad de construir infraestructura tecnológica comunitaria que soporte estas visiones, porque el modelo de dominación está anclado en centros de datos que acaparan información, generan ciclos negativos y consumen energía y agua, queremos desmitificar esto y ofrecer alternativas accesibles y reproducibles, que no impongan barreras técnicas o económicas.

Kali: Hay una analogía muy clara entre la milpa y el monocultivo digital: Monsanto y las grandes tecnológicas operan igual, priorizando grandes extensiones estériles y sin diversidad, la agricultura es una tecnología tan sofisticada como el código, y debemos defender la diversidad de saberes y comunes.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajo al interior de Milpamérica con personas en distintas latitudes?

Andrea: Ha sido un proceso orgánico, reuniéndonos semanalmente, dialogando sobre dónde poner la chamba y cómo avanzar, buscando formatos y horarios que funcionen para todas y permitan que fluya el río del trabajo colectivo.

Kali: El humanito del ciberespacio es multidimensional, cada quien trabaja en su zona horaria y ritmo, lo que permite flexibilidad y adaptación.

¿Qué importancia tiene el software libre para ustedes?

Andrea: La cultura y el software libre son nuestra escuela, parte de la búsqueda de alternativas de manera crítica, apostamos por la comunalización del saber, el respeto al trabajo colectivo y la politización de las tecnologías, es vital conectar esas tecnologías con la tierra, con otras formas de existencia y construir comunidad.

Kali: Aceptar la diversidad de tácticas es clave, dejarse de purismos, no me sirve la licencia más libre si el teléfono que usas es cerrado, el movimiento del software libre tiene que adaptarse a distintos contextos y sumar todas las luchas posibles.

Ray: He colaborado en proyectos de software libre donde la visión política no estaba clara y se reprodujeron patrones dañinos, por tanto es fundamental politizar la tecnología para que deje de ser solo una herramienta y se convierta en un instrumento de transformación social.

¿Cómo perciben el momento actual de las tecnologías en América Latina y cuáles son los desafíos de las tecnologías libres?

Kali: La complejidad tecnológica crece y exige especialización, lo que dificulta que comunidades pequeñas mantengan infraestructuras, resistir ese ímpetu corporativo es una decisión colectiva necesaria.

Andrea: Preocupa cómo las narrativas tecnosolucionistas y la inteligencia artificial penetran agresivamente en nuestros territorios, con granjas de servidores que consumen recursos vitales, además la inteligencia artificial se usa para violentar a las mujeres y cuerpos feminizados, creando pornografía falsa y deepfakes, con casos documentados como el robo de identidades de mujeres indígenas y reproduciendo la violencia machista y colonial.

Ray: El flujo de datos hacia las grandes empresas de EU y Canadá sigue creciendo, reproduciendo un modelo extractivo, pero en América Latina existe una resistencia creativa y valiente, única en el mundo, que abre espacios de esperanza.

Kali: No hay un afuera del sistema dominante, pero en Abya Yala todavía se respiran espacios no colonizados, rincones que mantienen viva la posibilidad de otras tecnologías y formas de vida, igual que con las semillas agrícolas que cultivamos, protegemos y compartimos.

Milpamérica es una apuesta colectiva por imaginar otros futuros digitales desde las raíces mesoamericanas, desde el deseo profundo de narrar, sembrar y resistir. Con los pies firmes en la tierra y el código en las manos, Milpamérica teje comunidad en medio del caos digital, soñando con bosques, justicia, semillas libres y territorios sin violencia, también en internet. Visita el sitio milpamerica.org.

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