Tianguis: lo sano y cercano también modifica lo global

derechos digitales colectivos
21 agosto, 2012
Sursiendo

Sursiendo hilos sueltos

Un no-lugar puede existir incluso más allá de una ilusión. La escalera infinita de Penrose sube y baja simultáneamente con toda naturalidad, haciendo que cosas que para algunxs parecen imposibles sucedan. A veces soñar una utopía no es más que empezar a pensar diferente a como nos han enseñado.

Así, ya están emergiendo mundos alternativos a éste que sin dejar de relacionarse con él apuestan por trabajar desde la construcción colectiva. Porque para romper con el capitalismo no necesariamente hay romper con el mercado. O al menos no con todas las formas de mercado.

Damos una vuelta por la Red de Comida Sana y Cercana conocido más popularmente como tianguis, ubicado en San Cristóbal de las Casas, en el sureste de México. Los espacios que lo conforman son mucho más que de transacción comercial, aún cuando no deje de haberla. Las personas que viven diariamente este proceso pueden encontrarse horizontalmente para construir juntxs valor comunitario, y es en ese momento cuando la transacción adquiere sentido humano.

Hace pocas semanas se cumplieron 7 años de aquella motivación inicial de un grupo de amigas preocupadas por encontrar formas limpias y cercanas de alimentarse. Nos cuentan que en la actualidad esta Red de Productorxs y Consumidorxs es una forma de ver la vida, una apuesta política por la soberanía alimentaria, un camino que han ido construyendo en la práctica con un objetivo que no se pierde de vista: crear un vínculo directo entre consumidorxs y productorxs que les permita mirarse y entenderse en sus múltiples realidades. Un vínculo que posibilite entender cómo funcionan el campo y la ciudad y qué es lo que los ha dividido, para recién entonces poder volver a encontrarse. A veces imaginar otros modos de vida puede ser el primer paso para formar parte de ellos.

Creemos que el Tianguis defiende y crea nuevas formas de entender a los bienes comunes o procomún al ser “un modelo de gestión colectiva y colaborativa humana y con el medio”; es un proceso de vida social y cultura política ejerciéndose en comunidad.

Las relaciones que se establecen allí se dan de manera natural entre lxs propixs productores que se apoyan mutuamente para mejorar el trabajo cotidiano y también entre productorxs y consumidorxs, buscando ser un camino de ida y regreso, de compromiso compartido y construcción colaborativa que promueva el consumo responsable para ir siempre más allá del sólo acto de comprar alimentos limpios y sanos. Para lograrlo no faltan talleres, conferencias y actividades varias que apuestan por el intercambio de experiencias. En el conocer, en el hacer y en el enseñar aprendiendo buscan consolidar propuestas integrales.

El Tianguis trabaja por el desarrollo local, eliminando intermediarios, favoreciendo las relaciones personales y la producción de alimentos elaborados o procesados de manera limitada, las formas basadas en la pequeña escala que permitan tener decisión directa sobre los qué y los cómo hacer.

En ese construir en la práctica hace unos 3 años se decidió reformar su funcionamiento. El órgano que finalmente toma todas las decisiones sigue siendo la Asamblea, la cual se reúne una vez al mes. Sin embargo, han decido establecer 6 comisiones de trabajo que permitan una mejor distribución de sus actividades internas y externas. Un compromiso de quienes integran el Tianguis es participar activamente en las asambleas y formar parte de alguna de estas comisiones. Con el tiempo transcurrido esa participación ha ido aumentado, como parte natural del proceso, y se refleja en el empoderamiento de mujeres productoras al verse económicamente activas; en algunxs hijxs de campesinxs que hoy se han vuelto a enamorar del campo y que se apropian de la actividad familiar con orgullo y también al empezar a participar de otros procesos, fuera del Tianguis pero vinculados a esas formas de ver autoconstruidas.

La necesidad de acercar lugares que aparentemente son distantes está viéndose cada vez con más claridad. Otro ejemplo es el de un experimento que está produciéndose en Ciudad de México e intenta unir reciclaje, trueque y mercados locales. El mecanismo es sencillo, dicen. “En una gran tienda blanca, trabajadores de la Secretaría de Medio Ambiente y voluntarios reciben los desechos de los consumidores en 20 mesas, los pesan y les entregan una papeleta para que luego acudan a unos kioscos en los que reciben billetes de plásticos, que representan los puntos obtenidos.” Con ese dinero virtual se trasladan a otra parte de la carpa a canjearlos por productos agrícolas.

Ideas de este tipo no dejan de florecer. Hay quienes deciden hacer esos cambios sólo de forma individual. También hay quienes deciden aislarse colectivamente para construir otro mundo posible. Pensamos que la elección de estos mercados alternativos parece no desvincularse de lo que les rodea, sino mirarse desde lo propio y lo local para luego voltear a lo global.

Los próximos pasos del Tianguis van en busca de esa dirección. Sin dejar de pensarse hacia adentro, de disfrutar y aferrarse a los logros conseguidos para seguir reflexionando en la práctica, ahora toca el tiempo de hacer conciencia de que esa práctica que les hace crecer en lo personal y en lo comunitario también puede contribuir a un cambio global.

James Boyle nos recuerda en su artículo Peer-to-peer de producción y la llegada de los bienes comunes que “si es verdad que el modo capitalista de producción está llegando a sus propios límites y que la creación de valor emergente brinda oportunidades importantes para la producción centrada en los comunes, entonces debemos aprovecharlas, no sólo como una nueva práctica social sino como un proyecto emancipador de la sociedad”.

Así, estas formas de hacer común, confluir en un proyecto y dialogar entre diferentes es lo que nos hará crecer y creer que a las utopías se llega soñándolas en la realidad.

 

@SurSiendo