Los nuevos comunes eco digitales

comunalidad digital
14 agosto, 2012
Sursiendo

Lugares comunes

Esta semana nos hemos puesto a la tarea de traducir un artículo de David Bollier aparecido en su website hace ya unos meses.

Cuando se piensa en los bienes comunes, la mayoría de las personas hacen una clara división entre los bienes comunes naturales (como el agua, el aire, la tierra, los bosques, la biodiversidad, etc) y los bienes comunes digitales (software libre, Wikipedia, licencias y contenidos Creative Commons, redes sociales, etc). Asumimos  que esos dos universos están completamente separados y distinguidos, y tienen muy poco en común. Sin embargo, estos dos reinos están empezando a desdibujarse por lo que debemos ser conscientes de esta convergencia y de las sinergias que se están produciendo.

La prudente división entre comunes digitales y naturales es comprensible. Uno de ellos se enfrenta con bienes comunes finitos que pueden ser físicamente agotados, mientras que el otro maneja sin rivalidad recursos -información, trabajos creativos, de investigación- que en realidad no pueden ser «agotados» ya que su reproducción digital se da prácticamente sin costo. La mayoría de los recursos naturales pueden ser sobre-explotadas si los usan demasiadas personas, por lo que el desafío aquí es cómo administrar su acceso y uso. Por el contrario, el mayor desafío que enfrentan los comuneros digitales es la forma a adoptar para manejar la información y el hacer que la participación de la comunidad sea de manera inteligente y respetuosa.

Sin embargo la lógica “evidente” de este mapa conceptual es engañosa -esto debido a que una nueva constelación de lo que he dado en llamar “comunes eco digitales” está utilizando las nuevas tecnologías para mejorar la gestión de los bienes comunes naturales. Los mundos digitales y naturales están empezando a mezclarse en formas muy interesantes y constructivas, lo que sugiere que las diferencias más notables entre los dos recursos son tal vez menos consecuentes de lo que pensábamos. De hecho, hay varias nuevas y poderosas capacidades emergiendo.

Un ejemplo de ello son las aplicaciones iPhone y Android diseñadas para detener especies invasoras. Éstas fueron desarrolladas por mi amigo Charlie Schweik, profesor de la Universidad de Massachusetts, en colaboración con el servicio de Extensión Universidad de Massachusetts, el Departamento de Conservación Ambiental de Massachusetts, la Universidad de Georgia y otros socios. Las especies invasoras son plantas, animales, peces, insectos, hongos y otros organismos no nativos que suelen ser bastante perjudiciales para el ecosistema en el que aparecen.

Donde vivo, en el oeste de Massachusetts, el escarabajo asiático de cuernos largos es una amenaza para los bosques de la región. La nueva aplicación móvil permite a las personas que encuentren uno de estos escarabajos mientras caminan por el bosque, tomarle una fotografía y enviarlo a las autoridades estatales de manejo forestal. Se llama Proyecto Outsmart para Especies Invasoras, del cual se ha realizado un bonito vídeo en YouTube de tres minutos que invita a descargar la aplicación.

La idea se basa en sistemas similares utilizados para detección de aves y mariposas. Otro sitio web, el Proyecto BudBurst, invita a ciudadanos-científicos a tomar fotografías con sus teléfonos celulares de las plantas que en su ciclo de vida estén pasando por la época de maduración de sus frutos, lo que a gran escala produce importante información sobre el estado del cambio climático. Hace unos años, el Centro Internacional Woodrow Wilson para Académicos, elaboró un informe, «Percepción participativa» que fue la crónica de una gran variedad de proyectos de recopilación de datos que podrían mejorar el proceso de reglamentación y la acción ciudadana contra la contaminación.

La percepción participativa es sólo una de las formas en la que las redes tecnológicas pueden ayudar a crear nuevos cuerpos de conocimiento colectivo que de otro modo sería imposible. Pensemos en el Sistema de Intensificación del Arroz, una acción colaborativa rural a escala internacional de los productores de arroz que intercambian consejos en Internet, con una fuente de código abierto, utilizado para aprender a mejorar el rendimiento de sus siembras sin utilizar organismos genéticamente modificados (OMG) o pesticidas. El proyecto ha unido lo local con lo global, permitiendo desde la base la colaboración transfronteriza para mejorar la producción de arroz en parcelas de tierras marginales de todo el mundo.

En la India, la Biblioteca Digital de Conocimientos Tradicionales invita a la gente a contribuir con ella a fin de documentar y clasificar la gran variedad de remedios tradicionales existentes. Así, una vez que los remedios estén suficientemente documentados, nadie podrá reclamar su propiedad intelectual en el sistema internacional de patentes. La base de datos sirve como un archivo masivo de «registro previo» que se puede utilizarse para revocar las solicitudes de patentes que buscan privatizar los conocimientos tradicionales sobre plantas medicinales y sus fórmulas, utilizadas en los sistemas de medicina india.

Si las redes de energía fueran tratadas como una infraestructura peer-to-peer (compartida de igual a igual), seguramente muchos ambientalistas, tales como Bill McKibben, creerían que podemos obtener una gran eficacia al fomentar fuentes de energía renovables como la solar. Es cierto que la infraestructura de Internet y la informática están utilizando cada vez mayores recursos eléctricos y por lo tanto aumentando la carga sobre el medio ambiente. Pero también es cierto que la infraestructura está proporcionando nuevas herramientas para reducir nuestra huella ecológica. Razón de más por la que debemos aprovechar al máximo estas potencialidades.

NOTA de Sursiendo:
Creemos que además de aprovechar las actuales tecnologías para generar nuevos espacios que nos permitan compartir conocimiento o generar infraestructuras colaborativas (como la de generación de energía eléctrica mencionada en el artículo) para nosotr@s una de las principales acciones a adoptar tiene que ver con revisar y reaprender nuestros hábitos de consumo, empezando por reducirlo y haciendo que éste vuelva a ser local en detrimento de lo trasnacional. El gran problema de este sistema es justamente su “dependencia” del comercio internacional, lo que implica desperdiciar gran cantidad de recursos energéticos de todo tipo, cuando en verdad cualquier producto o servicio necesario para nuestra vida cotidiana, puede ser conseguido a la vuelta de la esquina. Rescatar el conocimiento tradicional y de oficios para relocalizar los mercados, es lo que un nuevo sistema de relaciones humanas y comerciales necesita.

Traducción SurSiendo bajo Licencia Creative Commons.

 

@SurSiendo