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Tecnologías. Empoderamiento y reinterpretaciones

Sursiendo hilos sueltos

Algunas reflexiones tras la visita Ramesh Srinivasan a Chiapas

ramesh4Según la primera acepción de la RAE una herramienta es definida como un “instrumento, por lo común de hierro o acero, con que trabajan los artesanos”. Las demás definiciones de este diccionario no van mucho más lejos. La Wikipedia, por otro lado, define una herramienta como “un objeto elaborado a fin de facilitar la realización de una tarea mecánica que requiere de una aplicación correcta de energía”. Continúa diciendo que existen diversas herramientas y que en sentido estricto se diseñan y fabrican para cumplir uno o más propósitos específicos, por lo que son artefactos con una función técnica.

Esta diferencia sustancial entre ambas definiciones pueda quizás ser trasladada a los mundos a los que representan estas enciclopedias: el de la construcción de expertos, vertical y cerrada vs el de la construcción colectiva, colaborativa y abierta. Pero en el medio pasan cosas, y eso no es novedad.

Para Ramesh Srinivasan, profesor asociado de Estudios de la Información en la UCLA una tecnología es tanto un medio u artefacto digital como el hip hop o el graffitti. Todas ellas son tecnologías. Su trabajo se basa en el estudio de las relaciones e impactos que se establecen entre los nuevos medios tecnológicos y las revoluciones políticas, aunque por momentos pareció tener una visión algo escéptica sobre los primeros. Seguir leyendo

De la colonialidad del poder a los comunitarismos

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Resumen:
Las teorías del pensamiento decolonial tuvieron su inicio allá por finales de los años ’90 y buscaron adoptar los puntos de vista de los oprimidos, silenciados y excluidos por el capitalismo eurocéntrico de la modernidad, poniendo especial atención a las cuestiones raciales para sus análisis. De la mano de Anibal Quijano, uno de sus más importante exponentes, hacemos un repaso al contexto actual intentando mirarlo con esos lentes. Más adelante abordamos el giro que el venezolano Fernando Coronil le otorga al concepto lo que nos permite sumar además, algunas ideas sobre el compartir y lo colectivo, el Buen Vivir y la teoría del Desarrollo a Escala Humana.

Palabras Claves:
Autonomías, buen vivir, comunidades, Internet, mercantilización, neocolonialismo, resistencia

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De la colonialidad del poder a los comunitarismos (y II)

Sursiendo hilos sueltos

Quizás sea el gran azar el que hizo coincidir que nos encontráramos con ciertos autores en estas fechas. Entonces, y teniendo tan cercano el 12 de octubre, nos pareció interesante intentar hablar sobre la colonialidad del poder en el contexto actual. A partir de esta concepción enunciada por el sociólogo peruano Anibal Quijano y del giro que el venezolano Fernando Coronil le otorga al concepto se pueden además sumar algunas ideas sobre el compartir y lo colectivo. Si te perdiste la primera parte, puedes leerla aquí

 

Sin perder el hilo de este pensamiento, Fernando Coronil retoma el concepto desarrollado por Quijano e intenta una profundización. Por un lado invierte el concepto, llamándolo poder de la colonialidad, el cual posee sus propias formas de dominación y legados e introduce un criterio ampliado del imperialismo, cuyos alcances pueden verse reflejados a lo largo de la historia en expresiones coloniales (dominio de un imperio sobre sus colonias por medios fundamentalmente políticos), nacionales (control de una nación sobre otras independientes, por medios predominantemente económicos a través de la mediación de su Estado) y ahora también las globales (poder de redes transnacionales sobre las poblaciones del planeta por medio de un mercado mundial sustentado por los Estados metropolitanos). Para él lo que existe entonces es un poder de la imperalidad. Apoyándose en Antonio Negri y Michael Hardt, plantea que el imperialismo como tal habría llegado a su fin surgiendo a partir de él un nuevo sistema de dominación basado en el predominio del mercado global. En éste, al que denomina Imperio (y al que otros autores denominan modelo corporación-nación), no existen estados imperiales sino solo un mercado global manejado por redes trasnacionales que ejercer el poder sobre esos Estados y sus poblaciones. Si bien es cierto que todos ellos deben adaptarse a los mandatos del mercado, algunos tienen más capacidad de negociación que otros. Así este Imperio de la globalización no suprime a las instituciones estatales sino que les obliga a redefinirse. Transitamos así una etapa superadora del colonialismo, el neoliberalismo y el imperialismo que los contiene y necesitó de ellos para poder florecer.

Se podría poner como ejemplo de esta situación el hecho de que en el contexto actual del mercado global, mientras estos capitales trasnacionales no tienen anclaje en un territorio determinado la intensificación de la explotación de la naturaleza y las personas (como fuerza de trabajo) sí lo tiene y se localizan justamente en las viejas zonas coloniales.

Ninguno de los autores llega a mencionar la influencia que está adquiriendo la descentralización de un poder que aún no se puede controlar: la Red. Dentro de todos estos procesos que están saliendo a la luz en los últimos tiempos las tecnologías de la comunicación y la información (TIC’s), y en especial Internet, han jugado un papel muy importante. Incluso si nos remontamos al levantamiento zapatista de 1994 veremos la importancia que esta herramienta tuvo para romper el cerco informativo que les impusieron por aquel entonces.

Su potencia está dada por un valor antes desconocido: su descentralización. Esta red distributiva es imposible de controlar. ¡Al menos hasta ahora! Vemos así como frente a la concentración del Imperio surgen pequeños nichos de resistencia organizados a través de las redes tecnológicas y comunicativas actuales que logran una participación más equitativa de las personas a la par que vinculan diversas protestas sociales. Internet rompe con esta concentración del conocimiento y puede llegar a convertirse en enemigo de los estados.

Lo más interesante del mundo virtual es su vinculación con el mundo real. Si es cierto que los intentos de transformación social ocurren a distintos niveles, como decía Gramsci, para que la democracia no sea simplemente formal y política, sino que también sea social es importante volver a comprometerse, participar, actuar. Seguir leyendo

De la colonialidad del poder a los comunitarismos (I)

Sursiendo hilos sueltos

Quizás sea el gran azar el que hizo coincidir que nos encontráramos con ciertos autores en estas fechas. Entonces, y teniendo tan cercano el 12 de octubre, nos pareció interesante intentar hablar sobre la colonialidad del poder en el contexto actual. A partir de esta concepción enunciada por el sociólogo peruano Anibal Quijano y del giro que el venezolano Fernando Coronil le otorga al concepto se pueden además sumar algunas ideas sobre el compartir y lo colectivo.

 

El poder se construye en nuestras mentes pero se manifiesta en nuestras acciones. Es un concepto que nos resulta familiar porque atraviesa todas nuestras relaciones personales y sociales y sin embargo muchas veces nos resulta difícil de definir. Tal vez por la inmensidad que abarca. En todos esos universos en los que subyace, parte del interés está fuertemente puesto en las concepciones de empoderamiento contrapuestas a las de Poder, así con mayúsculas. ¿Cómo puede el poder ser bueno y malo a la vez? Creemos que la diferencia fundamental radica en sus orígenes y sus límites. No es lo mismo un poder construido de abajo hacia arriba, un poder colaborativo y distributivo, que un poder concentrado, vertical e impuesto.

Quijano menciona que en las relaciones de poder están presentes e interrelacionados tres elementos fundamentales: dominación (el control que unos ejercen sobre el comportamiento de los demás), explotación (obtener el trabajo de los demás, sin retribución equivalente y en beneficio propio) y conflicto. “Podría decirse, en tal sentido, que el poder es una relación social de dominación/explotación/conflicto por el control de cada uno de los ámbitos de la experiencia social humana: trabajo/recursos/productos; sexo/recursos/productos; subjetividad/recursos/productos; autoridad colectiva/recursos/productos”. Y agrega en una publicación posterior un quinto aspecto al retomar “las relaciones con las demás formas de vida y con el resto del universo (todo lo que en el lenguaje convencional suele ser denominado como ‘naturaleza’)”.

En todo caso, cuando en 1537 la bula papal declaró a las poblaciones originarias hombres verdaderos (¿y que pasó con las mujeres? nos preguntamos retóricamente) no estaba reconociendo sus capacidades humanas sino solo su derecho a no ser tratados como animales. Y eso ya denota el lugar que ocupa la naturaleza en este sistema antropocéntrico, androcéntrico, eurocéntrico y capitalista. Por supuesto, quienes se encargarían de convertir a esas personas en verdaderas personas eran los hombres civilizados de Occidente. Seguir leyendo