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Ciudades: lugares en construcción ciudadana

Sursiendo hilos sueltos

En Sursiendo nos preocupa la ciudad y lo urbano, porque el ser humano es cada vez más ser urbano: según la tendencia mundial, en pocos años más el 75% de la población mundial vivirá en ciudades. Pero ¿en qué tipo de ciudades habitaremos? ¿habrá espacios comunes o seguirá la tendencia privatizadora?
Pensamos que en las ciudades y, sobre todo, en sus espacios públicos se han gestado los derechos y la noción de ciudadanía, en la relación social que se ha mantenido históricamente en esos lugares: desde el intercambio en los mercados populares, hasta las manifestaciones multitudinarias, pasando por expresiones artísticas, deportivas y culturales en general. La calle ha sido fundamental para las distintas sociedades en los últimos 2000 años al menos.

¿Y ahora qué pasa? Seguir leyendo

Bienes Comunes Naturales

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Pertenecen a los bienes comunes naturales el aire y la atmósfera, el sol y el cosmos; las aguas, océanos y glaciares: la biodiversidad, los desiertos y montañas; el suelo y subsuelo; el material genético encerrado en la naturaleza y las semillas. Algunos de ellos estarán asociados a una comunidad  particular que los gestiona, otros, serán considerados comunes globales porque serán de uso directo de todos los seres humanos.

Los bienes comunes naturales no son recursos naturales, referirse a ellos así es la primera forma de apropiación, desde el lenguaje. Implica una relación normalizada de dominación del ser humano sobre la naturaleza, basada en la acumulación por desposesión.

La lucha por estos bienes comunes necesita estar ligada a comunidades bien definidas para evitar sus dos principales peligros: la “tragedia de los comunes” -sobre-explotación de los mismos- o la privatización. El abuso sobre los bienes naturales de uno u otro modo, lleva consigo una menor cantidad de vida en el futuro. “Bienes” y “comunes” forman una unión que se verá alterada si los bienes son reclamados de manera posesiva.

La propuesta de los bienes comunes no sólo tiene que enfrentarse a los peligros de la mercantilización de la vida natural por parte del capital, sino también a la propia ciencia y a la institución del Estado-Nación, cada vez más funcionales al sistema. Seguir leyendo

Las ciudades continuas continúan

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Vamos y venimos con pasos presurosos casi sin levantar polvareda porque esos pasos pisan suelos asfaltados… Empezamos este milenio con la mitad de la población mundial viviendo en ciudades. Para 2050 la urbanización alcanzará al 65% de las personas. Las ciudades pueden ser lugares de encuentro y creación inimaginables pero potencialmente también puede ser ¡todo lo contrario! En México, la expansión de las urbes se ha producido en gran medida ocupando territorio ejidal. Es decir, territorio común, alguna vez gestionado por una comunidad. Esta cara de la ocupación territorial tiene una salida aún más complicada. Desde hace más de 60 años la dictadura de la obsolescencia programada deja ¿escondidas? montañas de basura con las que convivimos en todo momento, aunque a veces no las notemos. O será que las publicidades que inundan esos espacios transitados sólo nos cuentan una parte de la historia. La parte que es más cómoda conocer. No necesitemos todas esas cosas que terminarán en rellenos sanitarios, pero la publicidad crea millones de cuentos sobre mundos maravillosos. Cuentos de hadas apenas complejizados.

Las voces que cuentan esas realidades son incontables y las artes muchas veces prefieren contar ese otro lado. Desde las alturas de una ciudad que podría ser cualquier metrópoli en 99 francs, al igual que en el libro, el protagonista se arroja al vacío de la sátira del mundo publicitario y el consumismo. Este es uno de los ejemplos pero como los cuentos encantan (y nos encantan) esta vez queremos compartir uno que nos interrogan sobre nuestra propia esperanza, uno de esos cuentos que son quizás el “último poema de amor a las ciudades, cuando cada vez es más difícil vivirlas como ciudades”. Seguir leyendo

Pa’ fuera, pa’ la calle… hagámosla un procomún

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La calle siempre se ha considerado un espacio público, allí donde se ubicaban los mercados populares, donde jugabas y te hacías mayor. También ahí te enamorabas, tomabas el fresco, bailabas en la verbena, hacías deporte o te disfrazabas de carnaval. Y las calles y plazas han tenido siempre un sentido político contrahegenómico: a diferencia con el adentro (castillos, palacios, centros de poder,…) en los espacios urbanos al aire libre se hacían mítines, manifestaciones, comedor popular, transmisión de mensajes,… o algunas relaciones más espontáneas de encuentro, pero también de creación de ciudadanía. Es decir, era un bien común aún no tan amenazado.

Desde hace unos lustros a esta parte, se ha ido privatizando cada vez más la calle mediante la priorización del transporte motorizado individual, la ocupación por prácticas comerciales o partidistas, la inhumana reordenación urbanística, la masiva expulsión de la permanencia social, el control orwelliano… o sólo queda como lugar de tránsito y consumo (un no-lugar, según Augé).

Por eso está siendo reivindicado por algunos y algunas como espacio común, más que público, por la nefasta administración de las autoridades, por dotarnos como comunidad ciudadana, usuario y participante, de reglas propias de civismo. Seguir leyendo

Pedalear bajo la lluvia

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Experimentos (¿fallidos?) en los que se comparten bienes como paraguas y bicicletas

Las primeras gotas que caen mojan el número 1 de la Revista Wimb Lu de este año. Ahí se cuenta una experimento realizado a finales de 2011 por alumnas de la Facultad de Psicología de la Universidad de Costa Rica. Se pretendió saber el uso que le daría la comunidad universitaria a un bien común material escaso: ¡paraguas en época de lluvia!

La propuesta era tener a disposición durante tres semanas, un total de quince paraguas que podían ser usados por quienes pasaran frente a la paragüera situada en la facultad de Sociología. La consigna sólo pedía devolverlos dentro de las 24 horas. Para el trabajo se retomaron los dos enfoques más conocidos (y opuestos) sobre bienes comunes: los de Garrett Hardin y Elinor Ostrom.

Había una vez un Hardin que en 1968 dijo en La tragedia de los comunes que los individuos aumentan sus comportamientos egoístas cuando se enfrentan a situaciones de escasez de un determinado bien compartido, dejando de lado las conductas de cooperación. Así, si cada persona que tuviera acceso a ese bien escaso hiciera los mismo, el bien desaparecería más pronto que tarde. La solución que propuso para evitar esta situación fue la conocida privatización de los bienes, justificando así el cercamiento. Por otro lado hubo una Elinor Ostrom que no conforme con esta teoría estudió durante años y en diversas partes del mundo, sistemas de manejo de bienes comunales que resultaron ser mucho más eficientes que esos sistemas privatizados que recién mencionábamos. Sus estudios recogidos en El gobierno de los bienes comunes refutó el trabajo de Hardin y le valieron el Nobel de Economía en el año 2009.

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