El cuerpo en red: maestría en investigación de la danza

Algunos botones de muestra

Reflexión de Zulai Macías para SurSiendo sobre la experiencia de la maestría en investigación de la danza. Aquí nos presenta una mirada multidimensional de un fenómeno que se aloja en un sitio web de diseño simple y que usa herramientas básicas de educación online, que a la vez logra romper muchas brechas. No sólo se trata de hablar del cuerpo, de investigarlo, sino también de trascenderlo mientras se escribe y se investiga. Otro botón de muestra a las posibilidades de la red en manos de ciudadanos creativos. La autora hace un recorrido por cierto tipo de interacciones entre sensibilidades, cuerpos —nociones de cuerpo— prácticas y construcción de conocimiento que en otro momento, en otro espacio-tiempo no habrían tenido oportunidad de encontrarse.

maestria-danzaPensar en una maestría dedicada a producir investigación teórica sobre danza resulta, a primera vista, necesario a la vez que un terreno paradójico: ¿no la danza es movimiento y sensaciones difíciles de aprehender porque justo movilizan al cuerpo y a la materia? ¿No es, desde un inicio, una tarea fallida o imposible ese ímpetu por capturar una sensibilidad efímera y siempre huidiza? Pese, y respondiendo a estas preguntas, en 2011 se concibió el proyecto de una maestría que impulsaría la escritura de la danza, siempre preponderando que cada estudiante tuviera una práctica con el cuerpo que no debería descuidar ni abandonar por adentrarse en una formación teórica o por mudarse a la Ciudad de México para poder cursar estos estudios. ¿Cómo lograr que aquellos que se deciden escribirla no se alejen del día a día del quehacer dancístico para encerrarse en las aulas de una universidad? Casi de manera natural, una plataforma virtual se presentaba como la mejor opción para llevar a cabo esta iniciativa.

Gilles Deleuze, en la conferencia “¿Qué es el acto de creación?”, dice que los únicos capaces de reflexionar sobre cine, son los cineastas, los críticos de cine o los que aman el cine; considero que esta afirmación es extensiva a cualquier práctica: ninguna reflexión sobre el arte puede alejarse de su práctica y de sus practicantes. En este sentido, la danza no podría ser la excepción: los bailarines, críticos de danza y los que la aman, son quienes, de forma independiente y a menudo muy solos, hacen la lucha dentro de instituciones y sus localidad para reivindicar que la danza se puede y debe pensar, y que es un campo que no está construido por meros intérpretes, virtuosos en la domesticación de su cuerpo. Como era de esperarse, estos intentos de investigación se encuentran dispersos, sin ningún tipo de vinculación con otras similares y, en la mayoría de los casos, sin un marco teórico que sostenga firmemente aquello que la experiencia se ha encargado de construir.

Reconocer estos ensayos también fue fundamental para la construcción de esta maestría, por lo que, además de ser un espacio de formación, también es un lugar de encuentro: en primer lugar, para ingresar al programa es requisito asistir a un curso propedéutico de una semana en donde los estudiantes se miran entre sí, de alguna manera encuentran a sus iguales (a pesar de lo diverso que son los temas a investigar), interiorizan al cuerpo del otro y, después, ya cada quien desde su casa, trabajo o en algún café, continúa ese diálogo ahora desde la virtualidad.

baile-cabeceadoEl baile “calabaceado” en Baja California, las compañías independientes en Mexicali, la danza tradicional, la callejera, la del vientre en Cuernavaca, el son Jarocho en el DF, la sicalíptica como figura de pensamiento, la danza y su trabajo con niños ciegos, con gente con capacidades diferentes, con músicos, en la gimnasia, en la preparatoria pública, las iconografías de la danza, todos son temas que detrás tienen a una persona haciendo su búsqueda. ¿Cómo propiciar el diálogo entre esos brotes aislados y motivar el intercambio de la inmensidad de las expresiones dancísticas? ¿Cómo debería ser la plataforma de partida, el impulso que permita emprender un viaje compartido entre la teoría y la práctica? Decía que pensar en una maestría dedicada a producir investigación teórica resulta necesario y paradójico: ¿no la danza es movimiento y sensaciones difíciles de aprehender porque movilizan al cuerpo y a la materia? Y lo más resonante, ¿estudiar a la danza en red? ¿Y el contacto cuerpo a cuerpo del aula tradicional?

Pienso que ningún quehacer puede ignorar el mundo que le rodea, sus discursos y modos de producción. Deleuze, en una entrevista en 1985 y que yo retomo del artículo de Karl Palmas, habla del cambio que han tenido los deportes: la concepción energética del movimiento, donde hay un punto de contacto o en donde nosotros somos la fuente de movimiento, está siendo sustituida por movimiento cada vez menos definidos en relación a su esfuerzo de origen (el gran ejemplo de ello es el surf que toma forma sólo al entrar en una onda ya existente, es decir, al ponerse en órbita dentro de un devenir en donde el deportista ya no es el punto de esfuerzo sino que se deja llevar en un terreno impredecible y movedizo). Este cambio refleja la lógica de una sociedad en la que el intercambio laboral, social y cultural cada vez es más inmaterial, lo que hace que el salón de clases, como territorio físico para el encuentro de saberes y formalizado a través de distribuciones espaciales bien definidas, deje de ser indispensable; entonces, se abre la posibilidad de conectar nodos dispersos a través de la red y de hacer crecer tejidos que propicien un estar juntos durante el proceso de aprendizaje, independientemente del lugar en donde se esté.

En la maestría en investigación de la danza, iniciativa única en México, el uso y la apropiación de Internet para pensar esta disciplina, ha sido un gran viaje: la navegación por la red, en donde el camino recto y los discursos hegemónicos del maestro que impone verdades e informaciones quedan interrumpidos ante la mirada infinita que despliega la información en línea. Y aunque hay una plataforma virtual que gestiona y, de alguna manera, pone las reglas de la entrega de tareas, exige una calificación numérica al invaluable acto del pensamiento y proporciona la gran mayoría de los textos a revisar, cada participante, en donde quiera que se encuentre, se mueve en un pensamiento rizomático, que converge con las miradas de sus compañeros de viaje en dicha plataforma. Así, se está favoreciendo una red de encuentro, de escucha y de desarrollo, de escritura y de inteligibilidad ante todos esos fenómenos tildados de innombrables. Después de los primeros dos años de existencia de la maestría, tiempo en el que la primera generación cursó la mayoría de los créditos a través de una plataforma virtual (efectivamente, a lo largo de la maestría, además del curso propedéutico inicial, hay dos más presenciales, supongo que aún son el rastro que la nostalgia por el territorio de los salones de clases), después de una batalla jugada frente a las propios “debería ser” y ganada por la maleabilidad del pensamiento, se puede observar que los estudios formales, incluso enfocados en el arte, tienen un lugar, un no-lugar si se quiere, en la red para navegar aventuradamente.

 

Zulai Macías es @zulaiMO
@SurSiendo

 

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