La decepción de Río+20 y de cómo el futuro debe ser común

Sursiendo hilos sueltos

El diario vasco Gara lo resumía así: “La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que reunió hasta el viernes en Río de Janeiro a cerca de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, dejó como legado poco ecológico unas 60 toneladas de basura”. Además, «la economía verde» que allí se debatió encontró el animoso rechazo de la Cumbre de los Pueblos, la cual denunció que «tras ese concepto se esconde «el viejo capitalismo» que quiere hacer negocio con los recursos naturales».

Una vez más había pocas expectativas para esta cumbre de la ONU. Si hasta el diario de centro derecha español El País, expresó en un editorial previo que “desgraciadamente, no cabe esperar demasiado de la Conferencia. No hay perspectivas de que se aprueben medidas que obliguen a modificar nuestros hábitos de consumo energético o alimentario”, y que, siendo necesario “es vital para asegurar el futuro de nuestras sociedades”. Nosotros agregaríamos que, muy probablemente, no sólo deberíamos esperar a que nos obliguen a ello.

Desde esta perspectiva es que organizaciones sociales y ecologistas encendieron las luces de alarma con antelación y fueron testigos de cómo el capitalismo verde se iba apoderando de las pocas esperanzas que quedaban de que en Río+20 hubiese cambios sustanciales que diesen un golpe de timón sobre el desarrollo capitalista depredador.

El resultado que dejó Río+20 fue mucha basura: en residuos materiales y en decepción ética. Los 193 equipos negociadores de la Conferencia de Río de Janeiro han escrito un documento final lleno de páginas de “buenas intenciones” en el que ganó la burocracia, perdió la Tierra. Para el secretario de Medio Ambiente del Estado de Río y ex Ministro de Medio Ambiente, Carlos Minc, el texto final aprobado supone el «suicidio planetario«.

Por eso, la necesidad sigue siendo insistir en los proyectos lanzados desde la defensa del procomún y los bienes comunes naturales; nociones que rompen con el paradigma capitalista y giran radicalmente hacia la construcción de organizaciones, redes y comunidades con una gestión ética y una filosofía ecologista desde abajo que nos permiten salvarnos junto con el planeta.

Sentimos que es necesario estar presentes y compartir estas perspectivas cada vez que podemos hacerlo. Nuestra participación en esta Cumbre (desde la distancia) comenzó cuando lxs compañerxs de la revista Kuxaelan, editada en Chiapas y en formato trilingüe (español, tzotzil y tzeltal) nos pidieron un texto sencillo pero elocuente que explicara los procesos de apropiación de los territorios que nos rodean, para publicar en su próximo número.

Ya más cerca de junio, los avatares nos encontraron por Argentina donde pudimos participar de una actividad cultural dentro del Foro Latinoamericano de Desarrollo Sostenible de la cuidad de Rosario. Un evento organizado por la municipalidad de la ciudad que con un discurso cauteloso hasta el conservadurismo propuso tres días de conferencias y ¿debates? Nuestra actividad giraba en torno a la cereza de la torta de los últimos encuentros multilaterales: los mecanismos de compensación. Proyectamos el documental sobre REDD y el caso Chiapas. Poco acostumbradxs a estas presentaciones acartonadas, la riqueza de nuestra presentación estuvo en lo interesante de las intervenciones: delegados de movimientos sociales del norte del país comparaban los despojo y la mercantilización que se viven en Chiapas con lo que sucede en sus regiones de Santiago del Estero, Tucumán o Salta y nos compartieron el impulso que les lleva constantemente hacia la búsqueda de alternativas desde las organizaciones y comunidades locales. Resultó gratificante a pesar de todo.

Cuando la Cumbre nos pisaba los talones nosotrxs paseábamos por Buenos Aires. Ahí nos encontramos en una entrevista con la gente de la radio alternativa FM LaTribu que nos invitó para hablar sobre la última proyección que hicimos en ese viaje. La convocatoria corría por parte de la Feria A Contra Flecha realizada en la KSA, el día 9 de junio. Moviéndonos ahora en terrenos más cercanos, donde lo autogestivo y lo comunitario son procesos presentes, tanto la entrevista en la radio como la presentación en la feria fueron momentos divertidos, enriquecedores y de compartir experiencias y anhelos.

Celebramos estos pequeños granos de arena y nos contentamos con esto de ser traducimos ¡próximamente! Vaya aquí también el texto del que les hablamos:

LOS MECANISMOS DE DESARROLLO VERDE Y SU MANIFESTACIÓN EN CHIAPAS.

Amenaza a los bienes comunes

El planeta está enfermo. Lo notamos ya en comunidades y ciudades: llueve cuando antes era época seca, y se retrasan las lluvias, aumentan las temperaturas, hay más frentes fríos y los huracanes y ciclones son más fuertes. En Chiapas lo estamos viviendo. La madre naturaleza está enferma, y a esto se le llama calentamiento global o cambio climático.

La explicación es que está cambiando por culpa de los gases que el ser humano lanza al aire, a la atmósfera, sobre todo el gas CO2, que es el que emiten los transportes y las industrias, la quema de árboles y la deforestación. Este gas hace que la capa de la atmósfera que da calor al planeta sea más gruesa, y produce un “efecto invernadero” más intenso, produce más calor. Con ello cambia la temperatura de los mares y los vientos, que son los que regulan las temperaturas en la tierra. Y así se intensifica el calentamiento global.

Si esto continúa habrá más sequías, se perderán muchas zonas de cultivos y bosques, habrá nuevas enfermedades, también aumentará el nivel del mar, habrá cada vez lluvias y huracanes más fuertes.

¿Y ante esto qué hacen los gobiernos?

Desde 1992, y por presión de organizaciones sociales, se reúnen en la ONU los representantes de los gobiernos para tratar el tema del cambio climático, pero los avances reales han sido pocos. La presión de las grandes empresas y los países del Norte global han parado cualquier intento de reducción de estos gases.

Por el contrario, las medidas que se impulsan desde este espacio de la ONU están basadas en el sistema capitalista, que se pueden calificar de desarrollo verde o economía verde.

Algunas de estas propuestas son:

-aumento de los cultivos transgénicos, para crear semillas resistentes a las inundaciones o las sequías, con lo que las corporaciones trasnacionales obtendrían grandes ganancias, y despojaría al campesinado.

-fomento de las técnicas de geoingenierías y nanotecnologías, modificando la naturaleza a gran y pequeña escala (como crear nubes artificiales, espejos solares, etc), con el peligro de afectaciones graves a las poblaciones y utilización para presionar políticamente.

-impulso de energía hidroeléctica, que es una falsa energía ecológica, porque expulsa a pueblos de sus territorios, modifica ríos y ecosistemas, genera gases peligrosos y concentración del recurso en pocas empresas.

-desarrollo de biodiesel, dedicando cultivos a alimentar el transporte y no las personas, perjudicando gravemente la soberanía alimentaria, y engañando al campesinado, que depende de lógicas de precios empresariales, y exportando su alimento desde lejos. Aquí hay un gran problema de monocultivos de plantaciones, que elimina la biodiversidad.

-creación del mercado de carbono, sin hacer reducciones de los gases en sus fuentes (países industrializados), pretenden imponer la idea de que la solución el cambio climático es la reducción de la deforestación de bosques y selvas, con lo que se comerciaría con plantaciones de árboles, que compensan la emisiones de CO2 del Norte y las industrias. Es simplemente “pagar por seguir contaminando”, con lo que no se soluciona nada. Aquí entra el mecanismo REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques), programas que dejan sin autonomía a las comunidades, dependientes de decisiones económicas del trasnacionales.

En Chiapas

Casi todas las propuestas de la ONU como soluciones al cambio climático se están desarrollando en el Estado de Chiapas, que quiere ser un ejemplo para el mundo. Pero finalmente son falsas soluciones que perjudican a las personas y al clima y benefician a empresas y políticos.

Además de las mencionadas, y en relación con ellas, la construcción de Ciudades Rurales Sustentables, impulsadas por los gobiernos de Juan Sabines y Felipe Calderón, es una forma de concentrar a la población campesina, sacándolos de sus tierras que quedan a disposición de planes corporativos a gran escala. De esta forma se logra el control social y la disposición de mano de obra concentrada, desarraigando a las comunidades de costumbres, tradiciones y prácticas que sí benefician al medio ambiente.

Y aparejado con estas falsas soluciones, los proyectos de reconversión productiva también fomentados por el gobierno, buscan que el sector agrícola deje de producir alimentos para el Estado, y se dediquen a plantaciones para la exportación o para el biodiesel, monocultivos que fluctuaciones de precios de mercado.

Estas falsas soluciones traen consigo dependencia de empresas, pérdida de soberanía alimentaria, más transporte y productos industrializados para consumo, por lo tanto más gases de efecto invernadero, desplazamientos y despojos, represión a la protesta social y la autoorganización, mercantilización de los bienes comunes naturales y de la madre tierra.

¿Qué podemos hacer la gente?

Las personas que sentimos que debemos hacer algo contra el cambio climático tenemos que informarnos, tener espíritu crítico, organizarnos y fomentar prácticas de producción y consumo que no dañen a la madre tierra.

Debemos utilizar más transporte sano (bicicleta) o colectivo (menos carros particulares), consumir productos cercanos y no industrializados, respetar los ciclos naturales de la tierra, crear redes de productores y consumidores responsables y conscientes, no comprar productos embasados o industrializados, reutilizar, reciclar y reparar (no consumir por consumir la última novedad)… y muchas otras acciones individuales y colectivas, que deben ir acompañadas de la crítica a las políticas de falsas soluciones y el reclamo conjunto a que se desarrollen políticas sustentables reales, no de maquillaje verde, que de verdad beneficien al clima y a las personas.

Juntos y juntas podemos.

@SurSiendo

 

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